La seriedad del destino.

No es tan serio y formal el destino,
si nos tomamos tiempo para repensar lo sucedido.
Añadimos problemas y sacamos conclusiones
de algo incierto, casi ajeno.

Desde lo inestable del cosmos,
hasta el cielo eterno.
Nos desvanecemos en el aire
como ráfagas de viento.

Exploramos lo indecible
y agrandamos el misterio,
en los hechos cotidianos,
de los mundos paralelos.

Observamos realidades
e imaginamos huecos
entre espacios susceptibles
de ser descubiertos.

La mente del hombre increpa al universo
por ocultar teorías y guardar secretos.

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