viernes, 19 de diciembre de 2008

Nefasto.

No puedo hundirme en la vacuidad fatal de esta irrealidad amorfa, sin estímulo, carente de significados precisos; donde lo latente parece perecer en una eternidad de laberintos sin salida. Gastadas caretas de fiestas ajenas sin escrúpulos.

Paciente vigilia de soñador nacido bajo un signo cósmico, dueño y señor de rimas y versos.
Nadando sobre las aguas turbias de los escritos fallidos, de los relatos abandonados a medias durante una extensa historia.

Dejamos de lado aquello que creemos conocer para hundirnos de lleno y explorar las profundidades de lo insondable. Creemos que podemos encontrar una respuesta segura a nuestros miles de interrogantes; llenos los pies de las fatídicas raíces de la ignorancia, nos detenemos.

Pensar en una esfera del conocimiento en donde todo es factible de ser descubierto; magnetismo innato me llama a crear y no me resisto, no me puedo resistir.
Abriendo puertas y ventanas para que entren por ellas la luz de la creatividad. Nada más alejado de la estructura gris me encuentro; no hay límites para lo que siento. Espejos urbanos rebotan las ideas que tiro y revelo.
Nada, por elemental que parezca, me es ajeno:

"caminando por las sombras los espectros van,
desplazados por las masas que no les dan,
parecen contentos pero no lo están,
de tanta desdicha no vivirán.
La plaza los espera y allí van,
la forma de los diarios los cobijarán
cargan en sus hombros la mundanidad,
el cantar del desprecio y la soledad.
Tuerto el que no mira o no quiere mirar,
atraviesa indiferente la cruel realidad.
Decenas pasan sin cavilar,
a su lado escupe la modernidad,
aceleran sus pasos para no chocar
contra una atmósfera fétida
que les hace pensar..."

Una flecha pesada atraviesa mi pecho, es la desidia elegante de los buenos momentos. Una hoja en blanco bajo mi mano sostengo. El azar de las musas alejándose a tiempo.

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