Ramas ajadas de un pino maltrecho,
descansa en el bosque ajeno,
verde vital y sensible que emociona al cielo.
Troncos gordos marcados con despecho
por algún amante olvidado
en el frío invierno.
Huecos intersticios atravesados por savia y viento.
Refresca tus entrañas el rocío pleno.
Hueles a algo, a algun extraño ungüento.
No dejes que se precipite sobre ti, el cuervo.
Maneja la calma, sustenta el silencio.
Piérdete en los renglones tristes de los cuentos.
Fábula antigua de gnomos y elfos.
Animales parlantes, laberintos secretos.
Árbol amigo del pájaro eterno.
No olvides nunca.
La constancia del tiempo.
La escritura nos aleja de la monotonía de lo cotidiano y nos sumerge en universos de fantasía. Nos permite ser nosotros mismos y explayar lo que sentimos, por eso, demos rienda suelta a lo que somos y a lo que tenemos. No debemos detener la creatividad y guardarla en un frasco hasta que se marchite. Ella espera, siempre latente, a ser develada.
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