"Yo no escribo esto..."
Pensaba en aquellos minutos perdidos que quedan en el recuerdo, los mástiles de argamasa, mis manos en el barro creando a cada instante una escultura efímera. Los límites impuestos, la estructura arraigada, una parda noche en la penumbra, los encuentros inolvidables, la misteriosa perspectiva de las esquinas, el barrio de antaño despoblado de pelotas, la casa de Vicente y el patio de juegos. La acera impregnada de los ecos de las voces, el bar transparente de José y las figuras contorneándose en las mesas como marionetas. El capitán tras la barra controla el movimiento de los muñecos. Un pedido por aquí, una cuenta por allá. El universo se desploma entero sobre las tablas. Las charlas generas conexiones entre las mesas, una extensa red de palabras que no alcanzo a descifrar. Saco una lapicera y dibujo una antigua frase de Epicuro..." yo no escribo esto para muchos, sino para ti; pues bastante teatro formamos entre tu y yo".
La escritura nos aleja de la monotonía de lo cotidiano y nos sumerge en universos de fantasía. Nos permite ser nosotros mismos y explayar lo que sentimos, por eso, demos rienda suelta a lo que somos y a lo que tenemos. No debemos detener la creatividad y guardarla en un frasco hasta que se marchite. Ella espera, siempre latente, a ser develada.
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