sábado, 17 de mayo de 2014

 En el alma llevo clavado este suculento poema...hecho de espejos y jirones de vida, fragmentos de ausencias y soledades...lejano, ajeno poder de escribir sobre hojas que se marchitan día tras día, amarillas de violencia terrena y tiempo pasado. No dejo de pensar en las horas oscuras de la noche, donde surgen de la monotonía los renglones verdes de naturaleza lumínica...en estas horas, descansa el tiempo y el alma se regocija en un sinfín de esplendores magnéticos...ya no soy quien escribe sobre estas páginas blancas, soy un señuelo, una señal, un grabado, un espejo que refleja, alguien perdido en la nocturnidad incoherente de un laberinto...laberintos borgeanos se mezclan en mi cabeza, no hay salida, la salida no es más que otro laberinto...ausente de laberintos ausentes... un minotauro alza las cabeza bestial, lejana y oscila con su mirada, me aterra, se aleja, ya no queda rastro, ausente en lo ausente. Ya no queda rastro ni rostro...solo ausencia...si pudiera decirte lo que se siente, a estas horas de la noche...indescifrable...como un laberinto eterno.

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