martes, 30 de diciembre de 2008

El nogal.


Debajo del nogal, vi salir el sol al amanecer y desplegar
sus nítidos rayos por entre las ramas. Vi desaparecer
la silueta de los pájaros en el rojizo del cielo. Percibí
el trinar de las aves a largas distancias, cruzando
océanos y mares.

Debajo del nogal, desperté una mañana de abril a
tu lado. Sentí tu aliento penetrándome como la suave
brisa del otoño. Descubrí los placeres del amor puro
y el aroma de la hierba silvestre.

Debajo del nogal, encontré al atardecer saludando a la luna.
Ví a las sombras reunirse en un peñasco y saltar al vacío.
Escuché a los sonidos ahogarse en la soledad de un
poblado antiguo. Esto y muchas cosas mas, escuché
debajo de un nogal.

Debajo del nogal, supe de la tristeza y la melancolía
al no tenerte. Perdí la esperanza como la pierde
un vencido. Sentí una humedad fría recorrer mis
mejillas y convertirse en lágrimas. Experimenté
la profundidad del dolor y la lejanía.

Debajo del nogal, me cité un día con la muerte
y no pude faltar. Me abrazó el viento helado
de las montañas. Ví las tierras al otro lado
y camine perdido, sin dirección, sin rumbo.
Vi esto y mucho más, debajo de un nogal.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El jardín del silencio.

Contemplan los lectores el misterioso jardín.
Ajeno al conocimiento permanece allí.
Estático, encapsulado, en una jaula sin fín.

Mira al cielo el verde vivir,
intentando escapar de una trampa infantil.

Recibe el aire y la lluvia su sentir
a escasas bocanadas, desde un espacio gris.

Un rectángulo de metal, un vidriado hostil,
atrapan su coraje, no lo dejan salir.

Baldosas lo sostienen para no sufrir.
Las marcas del tiempo le impiden mentir.

Disimula el letargo su paso por aquí,
espía entre los libros, una tarde de abril.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La constancia del tiempo.

Ramas ajadas de un pino maltrecho,
descansa en el bosque ajeno,
verde vital y sensible que emociona al cielo.

Troncos gordos marcados con despecho
por algún amante olvidado
en el frío invierno.

Huecos intersticios atravesados por savia y viento.
Refresca tus entrañas el rocío pleno.

Hueles a algo, a algun extraño ungüento.
No dejes que se precipite sobre ti, el cuervo.

Maneja la calma, sustenta el silencio.
Piérdete en los renglones tristes de los cuentos.

Fábula antigua de gnomos y elfos.
Animales parlantes, laberintos secretos.

Árbol amigo del pájaro eterno.
No olvides nunca.
La constancia del tiempo.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Urbania.

Moles de cemento se agolpan en sus entrañas,
latidos simultáneos de ladrillos eternos agitan las paredes,
maratones de sombras despliegan formas entre los recovecos.

Un árbol desnudo, solitario, descansa en la plaza central.
Una paloma muere mientras despierta un mendigo en la penumbra verde.
Transeúntes inexistentes, almas paralelas se desplazan en masa.

La vida no es vida en Urbania, es pensar, percibir.
El ser dormita en la pasividad de una noche perdida,
el eco de una voz intranquila se desarma, se hace trizas.

Una luna blanca, encendida, observa todo desde allí arriba
y el sol oculta su verguenza tras el velo del horizonte, espía.
El recuerdo de unos niños indigentes grita, sale de la nada, termina.

El agua de los charcos se cristaliza en un frío imaginario,
las luces de neon juegan a las escondidas.
En un oscuro callejón revolotea la última página de un diario, semanario.

La noticia es estremecedora, alguien yace herido
en una ciudad fantasma en donde reina el olvido.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Nefasto.

No puedo hundirme en la vacuidad fatal de esta irrealidad amorfa, sin estímulo, carente de significados precisos; donde lo latente parece perecer en una eternidad de laberintos sin salida. Gastadas caretas de fiestas ajenas sin escrúpulos.

Paciente vigilia de soñador nacido bajo un signo cósmico, dueño y señor de rimas y versos.
Nadando sobre las aguas turbias de los escritos fallidos, de los relatos abandonados a medias durante una extensa historia.

Dejamos de lado aquello que creemos conocer para hundirnos de lleno y explorar las profundidades de lo insondable. Creemos que podemos encontrar una respuesta segura a nuestros miles de interrogantes; llenos los pies de las fatídicas raíces de la ignorancia, nos detenemos.

Pensar en una esfera del conocimiento en donde todo es factible de ser descubierto; magnetismo innato me llama a crear y no me resisto, no me puedo resistir.
Abriendo puertas y ventanas para que entren por ellas la luz de la creatividad. Nada más alejado de la estructura gris me encuentro; no hay límites para lo que siento. Espejos urbanos rebotan las ideas que tiro y revelo.
Nada, por elemental que parezca, me es ajeno:

"caminando por las sombras los espectros van,
desplazados por las masas que no les dan,
parecen contentos pero no lo están,
de tanta desdicha no vivirán.
La plaza los espera y allí van,
la forma de los diarios los cobijarán
cargan en sus hombros la mundanidad,
el cantar del desprecio y la soledad.
Tuerto el que no mira o no quiere mirar,
atraviesa indiferente la cruel realidad.
Decenas pasan sin cavilar,
a su lado escupe la modernidad,
aceleran sus pasos para no chocar
contra una atmósfera fétida
que les hace pensar..."

Una flecha pesada atraviesa mi pecho, es la desidia elegante de los buenos momentos. Una hoja en blanco bajo mi mano sostengo. El azar de las musas alejándose a tiempo.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Poema a la existencia.

En la esfera misma de lo incomprensible,
en el estado etéreo de las cosas,
en un sinfín de motivos,
por descubrir matarías, a aquellos
que sordos de la realidad desprecias.

No le dejes plazo al vacío
y sumérgete en los interiores del secreto.
Aceita los relojes viejos e
interpreta el silencio.

De los rincones apagados
surgió un hecho, del confín del universo
una explosión, un planeta.
Un misterio.

Ráfagas de dudas nos acosan por momentos.
¿será el devenir de la esencia que nos vuelve ajenos?
o simplemente un hueco entre el ser y el tiempo.

Ya nada nos parece
Ya nada hacemos
Por descubrir el mundo
que más alla tenemos.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mansión antigua.

Mansión antigua que descansas bajo llave.
Tus paredes de piedra enmohecidas de silencio.
Tu verde jardín sereno.

Los pasos de los fantasmas se acoplan a tu suelo.
Esconde el sonido un trágico hecho
entre bastiones de sombras y gritos ajenos.
Tu piel de terciopelo se oscurece
durante el frío invierno.

Una mujer reclama ayuda
debajo de un ciruelo.
Se desplaza su figura en paralelo.
Cubierta de mortajas sueño.

Desde la cama en llamas me desvelo.
Ahogo el calvario de este misterio,
resuelvo los enigmas del suceso.

Sujeto tierra magra entre los dedos.
Aliento cortante siento.
Columnas de madera rodean mi aposento.

Gárgolas góticas,
cúpulas de acero,
ventanas octogonales
se abren al viento.